La música en la Escuela
Hace algunos años, con ocasión de un viaje a Estados Unidos, tuve la dicha de contemplar un espectáculo que en España resultaba del todo ilusorio. Un sábado del mes de abril, tras una prolongada entrevista con un alto responsable del Departamento de Educación del Estado de Michigan, al abandonar el edificio oficial, nos encontramos a un numeroso grupo de escolares, integrantes de varias Bandas de Música de Centros de Enseñanza, sentados ante sus atriles prestos a iniciar el concierto sabatino que, de modo habitual, ofrecían a los ciudadanos de Lansing. Gratamente sorprendido por aquella demostración que tan vivamente contrastaba con el yermo panorama musical de la escuela española de entonces, inquirí más detalles. Cada sábado actuaban Bandas de Centros diferentes bajo la dirección de un profesor, distinto también cada semana. Estos conciertos, programados para cada Curso Escolar, estaban auspiciados y organizados por las autoridades educativas y, para mayor simbolismo, tenían lugar, como he dicho, frente al equivalente de nuestra Consejería de Educación.
Es cierto que la situación de la música en el ámbito escolar español ha experimentado una sensible mejoría en los últimos años y a ello ha contribuido el meritorio esfuerzo de los especialistas de Educación Musical egresados de las Facultades de Educación. Pero estamos muy lejos de alcanzar el nivel de otros países en esta materia. Preguntarnos cuántos Centros de enseñanza de nuestro país poseen Banda de Música no es más que un ejercicio retórico. Pero las Bandas son la resultante de un esfuerzo continuado de educación musical y aquí si cabe preguntarse, por ejemplo, en cuántos Centros la música recibe, al menos, el mismo tratamiento que las disciplinas llamadas “de conocimiento”.
