En el Colegio de Harrow, el doctor Welldon, su director, azotaba a Winston Churchill más que a cualquier alumno. Con todo, el peor castigo que podían imponerle era “mandarle al rincón”
Churchill cosechó muchos fracasos en su época de escolar. Sentía especial aversión por el latín y el francés. El Director del colegio de Harrow, donde ingresó con trece años, decía de él que era : “descuidado, olvidadizo, manirroto, obstinado, nada puntual y deliberadamente incordiante”. No pudo pasar de segundo de bachillerato. Más tarde consiguió ingresar en la Escuela de Cadetes de Sandhurst, al tercer intento, pero sólo logró que le admitieran en el arma de caballería que requería menos capacidad intelectual y mayor desahogo económico. Finalizó sus estudios militares con el número 20 de 130 cadetes.

Freud tardó ocho años en completar los estudios de medicina cuando era posible terminarlos en cinco años. Tenía impresas unas tarjetas de visita con este texto : “doctorando en medicina”.

Gandhi era un muchacho torpe. Sus calificaciones escolares fueron deficientes. Llegó a matricularse en primer curso de universidad pero fracasó estrepitosamente. Su familia decidió mandarlo a Londres para que siguiera unos cursos cuyos exámnes eran tan fáciles que hasta los más torpes aprobaban.

Al decir de Ludwig, en la Escuela de Brienne, Napoleón se distingue sólo en matemáticas, historia y geografía.

Hoover, el presidente de EEUU anterior a Roosevelt, sólo fue dos años a un colegio.

Leonardo comenzó a los 30 años, sin maestro, el aprendizaje del latín y de las matemáticas. (Ludwig).

Kennedy ingresó a los trece años en la Canterbury School. Tuvo notas mediocres y muchas dificultades con el latín. Más tarde cambió de colegio. Sólo se entregaba apasionadamente a las asignaturas que le agradaban. Sus notas en historia e inglés eran sobresalientes pero se le daban mal las lenguas y le aburrían la biología y la química.

Carta del padre a Kennedy cuando éste tenía 18 años: “No espero demasiado y no quedaría desilusionado si no resultas un verdadero genio...”.

Cuando nació Edison, le creyeron defectuoso por tener la cabeza demasiado grande.
Edison era un niño inquieto y curioso, incomprendido por su padre que lo consideraba un estúpido. Su padre le pegaba palizas por cualquier motivo. Tenía pocos amigos y con frecuencia jugaba en solitario.
En la Escuela había dos maestros que también le pegaban, Un día oyó a su maestro decir “que tenía la cabeza hueca” y no merecía la pena que asistiera a la escuela por más tiempo. Se fue a su casa y nunca más volvió. Dijo Edison en una ocasión: “Recuerdo que nunca fui capaz de ir con gusto a la Escuela y siempre era de los últimos de la clase. Poco a poco me acostumbré al hecho de que los maestros no simpatizaran conmigo y a que mi padre me considerase un estúpido”.
Hacia los trece años comenzó Edison a mostrar síntomas de sordera progresiva.
Se hizo socio de la biblioteca pública de Detroit y se la leyó toda entera. Nunca tuvo afecto hacia las matemáticas ya que le resultaban más fáciles de entender los libros de física con ilustraciones y grabados.