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La Coctelera

Poemas en honor de los maestros

Homenaje lírico a los maestros y maestras. Se incluirán poemas de autores clásicos en los que exista alguna referencia al maestro y obras de autores actuales de no más de cinco estrofas con versificación libre.

Libros sobre el maestro

Aquí se incluyen referencias sobre obras biográficas, autobiográficas o de ensayo de o sobre maestros, así como novelas ambientadss en la escuela o cuyos protagonistas sean maestros o maestras.

Sección de mis alumnos

Este espacio está destinado a los ensayos redactados por mis alumnos sobre el tema "Queridos maestros". No más de 25 líneas.

Monumentos, calles y plazas al maestro

¿Conoce algún monumento, calle o plaza dedicado al maestro? Si es así, comuníquemelo, por favor, incluyendo localización y fotografía si es posible.

Sentencias sobre maestros y educación

EDUCACIÓN

ANÓNIMO
Las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran

ANÓNIMO
En un examen, hasta el más necio puede hacer una pregunta que ni el más sabio puede responder

ARISTÓTELES (384-322 a.C. Filósofo griego)
Lo que tenemos que aprender lo aprendemos haciendo
El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que ya sabe
No hay nada en nuestra inteligencia que no haya llegado a ella por medio de los sentidos

BEAUMARCHAIS, Pierre Agustin Caron de (1732-1799. Escritor francés)
Saber hacer vale más que saber

BRUNI, Leonardo (1374-1444. Humanista italiano)
En verdad uno puede honradamente preguntarse de qué sirve poseer conocimientos variados y profundos si no pueden expresarse en un lenguaje propio del tema.

CONFUCIO (551-479 a.C. Filósofo chino)
Donde hay educación, no hay distinción de clases

CHESTERTON,Gilbert Keith (1874-1936. Escritor inglés)
La única educación eterna es esta: estar lo bastante seguro de una cosa para decírsela a un niño

DESCARTES, René (1596-1650. Filósofo y matemático francés)
No hay espíritu, por necio y grosero que sea, incapaz de adquirir las más altas virtudes si se le conduce como es menester

EINSTEIN, Albert (1879-1955. Físico norteamericano de origen alemán)
En definitiva, muchas de las ideas fundamentales de la ciencia son simples y pueden, por regla general, ser expresadas en un lenguaje que puede entender cualquiera

EMERSON, Ralph Waldo (1803-1882. Escritor norteamericano)
Todos los hombres que conozco son superiores a mí en algún sentido. En ese sentido, aprendo de ellos
Todo hombre recibe dos educaciones: la que le dan y la que él se da; esta última es la más importante GIBBON. Edward (1737-1794. Historiador inglés)

HEINE,Heinrich (1797-1856. Escritor alemán)
Los romanos nunca habrían tenido tiempo de conquistar el mundo si antes hubiesen tenido que aprender latín

HERBERT,George (1593-1633. Escritor inglés)
El peor de los pecados de la instrucción es ser aburrida

HUGO,Victor (1802-1885. Poeta y novelista francés)
Si quieres civilizar a un hombre, empieza por su abuela

HUXLEY,Thomas Henry (1825-1895. Naturalista inglés)
En la ciencia como en la vida, aprender y conocer son dos cosas distintas; la fuente del conocimiento no está en los libros sino en las cosas.

KANT, Immanuel (1724-1804. Filósofo alemán)
La educación es el desarrollo en el hombre de toda la perfección de que su naturaleza es capaz

LINCOLN, Abraham (1809-1865). Político estadounidense)
Cuando hablo de una escuela de acontecimientos, me refiero a una escuela en la cual los estudiantes, antes de entrar en la vida real, pudieran pasar ficticiamente a través de las dificultades y situaciones necesarias para revelar sus aptitudes y facultades..

MAHLER, Gustav (1860-1911. Compositor austriaco)
No hay más que una educación y es el ejemplo

MANNHEIM, Karl (1893-1947. Sociólogo alemán)
Lo que se hace a los niños, los niños harán a la sociedad

NAPOLEÓN I (1769-1821. Emperador francés)
Todo lo que soy y fui se lo debo a mi madre ; ella me inculcó sus mismos principios y fomentó en mí la costumbre del trabajo.

NEWMAN, John Henry (1801-1890. Teólogo inglés)
Investigar y enseñar son dos funciones, distintos dones que, por lo general, no se dan cita en una misma persona.

NIETZSCHE, Friedrich (1844-1900. Filósofo alemán)
Únicamente el que hace aprende

ORTEGA Y GASSET, José (1883-1955. Filósofo español)
Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas

P’ITAGORAS (580-500 a.C. Filósofo y matemático griego)
Educar no es dar carrera para vivir, es templar el alma para las dificultades de la vida
Economizad las lágrimas de vuestros hijos a fin de que puedan regar con ellas vuestra tumba

RALEIGH,Walter (1861-1922. Profesor ingles)
En un examen los que no quieren saber hacen preguntas a los que no pueden responder.

ROCHESTER, Lord (1647-1680. Escritor inglés)
Antes de casarme tenía seis teorías sobre el modo de educar a los pequeños. Ahora tengo seis hijos y ninguna teoría

ROUSSEAU, Jean Jacques. (1712-1778. Filósofo francés)
En cuanto a la educación de los niños, la cuestión no es enseñarles ciencias, sino despertar en ellos el gusto por las ciencias y métodos para apropiárselas tras el desarrollo satisfactorio de ese gusto.

SAN AGUSTÍN (354-430. Padre de la Iglesia)
La educación es en realidad el proceso por el cual unas ideas oscuras e inconscientes se convierten en conscientes y claras

SÉNECA, Lucio Anneo (4 a.c. -65. Filósofo español)
!Que importa lo que es una línea recta si no se sabe lo que es la rectitud !
Saber más que los otros es fácil ; lo difícil es saber algo mejor que los otros
Lento es el enseñar por medio de la teoría ; breve y eficaz con el ejemplo

VRIES, Peter de (1910- Escritor norteamericano)
El valor del matrimonio no radica en que los adultos produzcan niños, sino en que los niños produzcan adultos

WHATELY,Richard (1787-1863. Prelado inglés)
Enseñar a quien no tiene curiosidad por aprender es sembrar un campo sin ararlo

REFRANES
A la cama no te irás sin saber una cosa más
A la vejez estudiar para nunca acabar
A quien mucho quiere saber, poquito y al revés
Al niño y al mulo, en el culo
Árbol que torcido creció, nunca se enderezó
Azote de madre, ni rompe hueso ni saca sangre
Bien predica fray ejemplo, sin alborotar el templo
Costumbres de mal maestro, sacan hijo siniestro
Costumbres y dineros hacen a los hijos caballeros
Criado por abuelos, nunca bueno
Criaste y no castigaste, no criaste
De tu hijo sólo esperes lo que con tu padre hicieres
El movimiento se demuestra andando
El perro y el niño, donde ven cariño
El primer año, doctor ; el segundo, licenciado ; el tercero bachiller, y el cuarto, asno.
El que no sirve para estudiar, dedíquese a arar
El uso hace maestro
¿Enseñas sin saber ? Como no sea el culo, no se qué
Fuime a palacio, fui bestia y vine asno
Haz para mí y aprende para ti
Hijo eres y padre serás; conforme hicieres, contigo harán
Ignorante graduado, asno albardado
La letra con sangre entra
Lección bien aprendida, tarde o nunca se olvida
Lo que de niño se mama, de viejo se caga
Lo que se aprende con bragas, no se olvida con canas
Madre boba tuviste si al mes no reíste
Más enseña la necesidad que diez años de universidad
Más vale la práctica que la gramática
Mejor es no saber que mal saber
Niño llorón, boca abajo y bofetón
Para aprender, es menester padecer
Practicas hace maestro, que no leer en el cuaderno
Quod natura non dat, Salmantica non prestat
Usar la mano hace escribano

MAESTRO

FARADAY, M. (1791-1867, Físico y Químico ingles)
Un catedrático debería ofrecer a su auditorio la indiscutible impresión de que ha puesto en juego todas sus energías para procurarle enseñanza y gozo.

FREUD, Sigmund (1856-1939. Psiquiatra austriaco)
La diferencia entre el profesor ordinario y el extraordinario consiste en que aquél no hace nada extraordinario, y éste nada sistemático

GIBRAN, Khalil. (1883-1931. Escritor libanés)
Dejad que cualquiera que vaya a ser maestro de hombres comience enseñándose a sí mismo antes de enseñar a otros; y dejad que enseñe por el ejemplo antes de que enseñe por la palabra. Porque el que se enseña a sí mismo y rectifica sus propios caminos es más digno de respeto y reverencia que el que puede enseñar a otros y rectificar sus caminos.

GRACIÁN, Baltasar (1601-1658. Religioso y escritor español)
Ninguno hay que no pueda ser maestro de otro en algo

GRAF, Arturo (1843-1913. Escritor italiano)
Excelente maestro es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumno el gran deseo de aprender

HUGO, Víctor (1802-1885. Poeta y novelista francés)
El porvenir está en manos del maestro de escuela

JUVENAL (62-143. Poeta romano)
¿Pagar? ?, ¿Ah, sí?. ¿Y por qué?. ¿Qué he aprendido yo?, pregunta el alumno. Si el corazón de la juventud de la Academia de los Arcades no vibra de emoción cuando (el maestro) nos asorda una vez por semana con su !Ay de Aníbal!, ¿de quién es la culpa sino del maestro?.
Uno a uno van levantándose (los chiquillos) y cada uno repite literalmente lo que acaba de leer atentamente en su sitio, recitando exactamente las mismas cosas en los mismos versos. Servido una y otra vez, masticado y vuelto a masticar, este refrito es la muerte del desgraciado maestro.

VAUVENARGUES, Marqués de (1715-1747. Moralista francés)
La claridad es el barniz de los maestros

REFRANES
Bien aprende quien buen maestro tiene
No hay mejor maestra que necesidad y pobreza
No hay tal maestro como fray ejemplo
Padre diestro, el mejor maestro
Pasar más hambre que un maestro de escuela
Vale más ser el hombre de un solo maestro que el hombre de diez libros

Manual de supervivencia para el maestro español

La profesión docente está sometida a múltiples tensiones y ello ha sido objeto de numerosos estudios a lo largo de los años por investigadores de la psicología, la sociología y la medicina. Parece que esas tensiones están ocasionadas por factores fisiológicos, psicológicos y ambientales, es decir, por causas internas o externas. Entre ellas figuran:

1. La escasa calidad de la preparación profesional o su inadecuación respecto de las nuevas exigencias impuestas por los rápidos cambios sociales y la irrupción de las tecnologías lo que origina, a su vez, que algunos profesores se sientan incompetentes o incapaces de ponerse al día.
2. La insatisfacción en el desempeño de su tarea, cada vez más regulada desde fuera, más sometida a presiones, menos valorada y, por ello, poco o nada gratificante.
3. Las enfermedades físicas que les afectan de modo continuo o discontinuo.
4. La evaluación a la que se ve sometida la actuación del profesor desde instancias muy diversas.
5. La incomunicación con alumnos, padres, compañeros y administradores.

Ante este panorama, que puede resultar desalentador para quienes aspiran a incorporarse a la docencia, interesa destacar que los profesores que poseen una personalidad ajustada tienden a manejar las situaciones estresantes de una manera más productiva. Probablemente no sea necesario llegar a la frivolidad de Páladas de Alejandría, para quien escena y farsa es la vida entera; o aprendes a actuar sin tomártela en serio, o soporta los dolores. Se trata, más bien, de habilitar técnicas y procedimientos o mecanismos de compensación que permitan al profesor mantener el adecuado equilibrio emocional y, así, realizar su tarea sin dejar en el empeño jirones de sí mismo.
Hemos observado el comportamiento de unos profesores al comienzo de la jornada, justo cuando se aproximaban a los niños, formados en columnas en el patio de un colegio. Tan sólo una profesora sonrió alegremente cuando se reencontró con sus alumnos; el resto mantuvo un rictus mezcla de amargura, abatimiento y desesperanza. Alguno de ellos ni siquiera se acercó a los niños: les llamó desde la distancia, dio media vuelta y emprendió solo el camino del aula. Estuvimos atentos también al semblante de esos mismos profesores al término de las clases: todos salían apresuradamente y se despedían alborozados, como si recuperaran la alegría de vivir después de una experiencia atormentada. Sabemos que no es posible generalizar este retrato, pero no por ello deja de ser preocupante. Ciertas profesiones requieren de una especial sensibilidad y serenidad de ánimo en sus practicantes. Un cirujano ganado por la ansiedad o el nerviosismo puede causar estragos en el cuerpo de un paciente. Un maestro neurótico o simplemente descontento con las circunstancias en que ejerce su función, puede causar un daño irreparable en los alumnos, no por sutil menos perdurable. Y los datos sobre la salud laboral de los profesores emiten una señal de alarma. Así, se nos dice que una proporción elevada de profesores (en algunas zonas uno de cada tres) están afectados por síndromes depresivos. No parece, sin embargo, que este fenómeno preocupe en exceso a los administradores educativos. Hace varios años, con ocasión de un viaje a Estados Unidos presenciamos una campaña en televisión llamando a los ciudadanos a cooperar con el Estado para conseguir una educación mejor. Nos sorprendió agradablemente la llamada a fortalecer la figura del profesor. El eslogan era más o menos este: “La educación es lo más importante y hay que ayudar al profesor en su tarea”. Por cierto que, paralelamente, se desarrollaba otra campaña nacional en pro de la calidad. Una vez y otra se podía ver y oír: “No se limite a hacer las cosas bien; sea creativo”. Ignoramos por qué no se hace algo parecido en nuestro país. Quizás se trata de evitar el sarcasmo de unos políticos pidiendo a la sociedad que respalde la labor del maestro mientras ellos lo siguen maltratando. ¿O no es maltrato exigir que un especialista en música se ocupe de unos grupos de educación física? ¿O no lo es tampoco asignar a un profesor de francés unas clases de inglés por aquello de que, a fin de cuentas, ambas son lenguas extranjeras? ¿Tampoco es maltrato defender injustas posiciones de los padres simplemente porque el profesor lo aguantará todo? ¿Y no es maltrato obligar al maestro a soportar a alumnos indeseables, por idéntica razón? La indefensión que acompaña al maestro, condenado de antemano y abandonado por quienes deberían defenderlo resulta patética. Siempre salen los otros ganando. Ello recuerda las palabras de Lewis: Cuando un genio se enfrenta a un tanque dirigido por un pedazo de alcornoque, hay que apostar por el tanque. Hay que apostar siempre por los padres o por los políticos aunque sean unos alcornoques.
Pues bien, todos los esfuerzos encaminados a revestir la tarea de la enseñanza de la dignidad y el sosiego que antaño tuvieron, nos parecerán siempre insuficientes. Sólo desde la irresponsabilidad, se puede dejar de prestar al maestro (ya sean padres o administradores), la cobertura psicológica que precisa para dedicarse a su trabajo con entusiasmo y renovadas energías y para ofrecer a sus alumnos una imagen optimista y confiada. Pero mientras tanto, algo hay que hacer desde la perspectiva personal de cada maestro. Le sugiero que desmonte algunos mitos para mantener eso que llaman los entendidos el estress productivo y una razonable salud mental.

Mito 1. Los problemas de los alumnos no son los problemas del maestro

¿Acaso los problemas de los pacientes son los problemas de los médicos? La obligación de ayudar a todos los alumnos en su desarrollo académico y personal no implica en absoluto que el maestro tenga que vivenciar cada una de las circunstancias que acompañan inevitablemente a los estudiantes en su andadura escolar. Precisamente es el alejamiento de los problemas lo que nos ayuda a analizarlos con la debida perspectiva y serenidad y a tomar las decisiones adecuadas. ¿Cómo puede un abogado examinar con la necesaria frialdad los pormenores de un caso si se implica emocionalmente hasta el punto de que se nubla su claridad y objetividad de juicio? Como dice Maslow (La personalidad), tomar decisiones y elegir es una cuestión de grado, sabiduría, eficacia y eficiencia pero –añadimos nosotros- no de afectividad. Naturalmente esto no quiere decir que el maestro deba desentenderse de los problemas que afectan al alumno y que, sin duda, tendrán un efecto negativo en su comportamiento o en su rendimiento. Pero cada uno de estos problemas de aula –si está en su mano resolverlos- deben ser percibidos como un reto profesional cuya solución acrecienta su propia confianza y su competencia docente. El profesor no puede considerar como un agravio personal el hecho de que el alumno no avance o no realice adecuadamente las tareas.

Mito 2. El éxito o fracaso del alumno no es el éxito o fracaso del maestro.

Ni los éxitos de los alumnos son éxitos del maestro ni tampoco sus fracasos. El profesor competente se esfuerza por hacer las cosas bien, no escatima esfuerzos para ofrecer a los alumnos las orientaciones necesarias, los materiales mejor elaborados, la asistencia individual requerida en cada caso. El profesor debe manejar con eficacia estas y otras variables que puede controlar. A partir de ahí, su trabajo está hecho y los resultados dependen del alumno y de sus circunstancias. Hay una excepción a esta regla: cuando el maestro se empeña en pronosticar el futuro del alumno. “Este niño jamás servirá para nada; mejor que deje la Escuela”. Ese niño era Edison. En este caso sí: el éxito del alumno fue el fracaso del maestro.

Mito 3. El maestro es, subsidiariamente (no fundamentalmente), un educador

La atribución al maestro de un papel relevante en la educación de los alumnos viene de antiguo y ha sido sostenida con tanta determinación que parece un atrevimiento dudar de su validez (nosotros mismos hemos seguido esta corriente por puro mimetismo). Mucho conviene a quienes mantienen tal aserto que los maestros carguen con la impedimenta que a otros cumple llevar. Los padres, por ejemplo, que están abandonando sus responsabilidades educadoras con la misma ligereza con que se las endosan a otros. Los poderes públicos, que toleran el ejercicio de la deseducación más flagrante desde los medios de comunicación que están bajo su control. En estas circunstancias habría que hablar del maestro como reeducador o como deshacedor de entuertos educativos y me parece que ni siquiera esta tarea debe corresponderle.
El maestro tiene que enseñar (conocimientos, actitudes, habilidades, lo que se quiera); esa es, básicamente, su función, como la de las familias es educar. Cierto que cualquier maestro, en el ejercicio de su trabajo, educa o deseduca, aún sin proponérselo, en tanto que fomenta determinadas actitudes y valores con sus propios comportamientos. También muchos padres refuerzan en sus hijos los conocimientos adquiridos en la escuela pero no por ello diremos que su tarea prioritaria es la de enseñar. El maestro puede enseñar a amar la naturaleza, a respetar a los demás, a hacer las cosas bien, a mantener un cierto orden en las pertenencias personales, etc. Son, todas ellas, actitudes que deben ser enseñadas en la escuela porque las actitudes se aprenden. Además tiene que ayudar, orientar, alentar o motivar (un psiquiatra puede hacer esto mismo y no por ello diremos que es, básicamente, un educador). Aquí se agota la responsabilidad del maestro, y no es poca. Resulta curioso comprobar cómo ha evolucionado la terminología para designar al ministerio que se ocupa de los asuntos relacionados con la escuela. Durante todo el siglo XIX, fue el Ministerio de Fomento (no sin cierta lógica, ¿verdad?). En 1900 se crea el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, que perdura hasta la segunda República. Es, tras la guerra civil, cuando se crea el Ministerio de Educación Nacional al que ha seguido, modernamente, el de Educación y Ciencia (¿o de Educación y Demencia?). En todos los casos, sin embargo, estos ministerios se han ocupado de regular la escuela, sus contenidos y sus profesores. No se han ocupado de otras instancias educadoras, como la familia (y ahora, la televisión y otros medios). Quiere ello decir que lo que se ha legislado en materia educativa es, en realidad, en materia instructiva. A los gobiernos que en España han sido, les ha preocupado (algo) la instrucción y, nada, la educación. En resumen: céntrese el maestro en sus quehaceres didácticos y aguanten otros palos las velas de la educación.

Y, sobre todo...no extienda sus preocupaciones docentes más allá del ámbito de la Escuela.

Se cuenta que cierto magnate de la prensa londinense acostumbraba a solazarse los fines de semana en una finca que poseía junto al mar. En cierta ocasión, muy avanzada la noche, le llamó por teléfono su secretario para anunciarle que el edificio que albergaba al más prestigioso de sus diarios estaba ardiendo por los cuatro costados. Gracias, Peter –respondió-. ¡Qué mala noticia voy a llevarme el lunes cuando vaya al periódico!
Esta es, ciertamente, una demostración de la tópica flema británica pero ilustra acerca de la capacidad que algunas personas poseen para desconectar de sus problemas de trabajo y sumergirse (para disfrutar) en otros ambientes gratificantes y reequilibradores.

La música en la Escuela

La música en la Escuela

Hace algunos años, con ocasión de un viaje a Estados Unidos, tuve la dicha de contemplar un espectáculo que en España resultaba del todo ilusorio. Un sábado del mes de abril, tras una prolongada entrevista con un alto responsable del Departamento de Educación del Estado de Michigan, al abandonar el edificio oficial, nos encontramos a un numeroso grupo de escolares, integrantes de varias Bandas de Música de Centros de Enseñanza, sentados ante sus atriles prestos a iniciar el concierto sabatino que, de modo habitual, ofrecían a los ciudadanos de Lansing. Gratamente sorprendido por aquella demostración que tan vivamente contrastaba con el yermo panorama musical de la escuela española de entonces, inquirí más detalles. Cada sábado actuaban Bandas de Centros diferentes bajo la dirección de un profesor, distinto también cada semana. Estos conciertos, programados para cada Curso Escolar, estaban auspiciados y organizados por las autoridades educativas y, para mayor simbolismo, tenían lugar, como he dicho, frente al equivalente de nuestra Consejería de Educación.
Es cierto que la situación de la música en el ámbito escolar español ha experimentado una sensible mejoría en los últimos años y a ello ha contribuido el meritorio esfuerzo de los especialistas de Educación Musical egresados de las Facultades de Educación. Pero estamos muy lejos de alcanzar el nivel de otros países en esta materia. Preguntarnos cuántos Centros de enseñanza de nuestro país poseen Banda de Música no es más que un ejercicio retórico. Pero las Bandas son la resultante de un esfuerzo continuado de educación musical y aquí si cabe preguntarse, por ejemplo, en cuántos Centros la música recibe, al menos, el mismo tratamiento que las disciplinas llamadas “de conocimiento”.

Queridos maestros, queridas maestras

Yo, como todos, he tenido a lo largo de mi dilatada (y variada) vida de estudiante, maestros o profesores buenos y malos. Probablemente ni unos ni otros eran tan buenos ni tan malos como a mí me parecían cuando estaba bajo su tutela. De hecho, con los años y más perspectiva, he descubierto la razón de muchos comportamientos que entonces me resultaron incomprensibles.

Siento una gran veneración por mis maestros de primeras letras y, aún de segundas, porque comenzaron a soportarme con siete u ocho años y sólo se libraron de mí cuando concluí el bachillerato elemental en el Colegio "Santo Tomás de Aquino" de Torrente (Valencia). Cada uno de ellos se ocupaba de un grupo de materias. Eran personalidades muy diferentes pero en los tres (Don Enrique, Don Fernando y Don Juan) apreciaba yo la misma dedicación y amor por su trabajo. En aquellas clases donde convivíamos niños y niñas de distintas edades, para cada uno tenían la palabra justa, el gesto oportuno, conducían nuestro aprendizaje –nunca mejor dicho-, con mano maestra y nos enseñaron, entre otras virtudes, a aprovechar el tiempo (por cierto que, raras veces encargaban “trabajos para casa”). Con aquellos profesores me sentía seguro. A pesar de la rigidez que caracterizaba a la escuela de aquel tiempo ellos supieron dotar a las relaciones con los alumnos de un halo de tolerancia y respeto y si alguna vez cometieron errores supieron rectificar con naturalidad. Esos y otros maestros como ellos, merecen el más cálido de los homenajes. Así debió entenderlo también Lincoln que tuvo para con su maestro un delicado reconocimiento. Cuando redactó su carta de aceptación de candidato a Presidente de los EEUU, fue al director de la escuela nacional y le pidió que echase una ojeada para que no hubiese faltas de ortografía. El maestro corrigió el empleo de un infinitivo. “Si a usted le parece de este modo mejor, ya está cada palabra en su sitio” -aceptó Lincoln-.

Dr. Salvador Camacho Pérez
Facultad de Ciencias de la Educación
Universidad de Granada (España)

Si desea honrar a sus maestros de primeras letras puede remitirme un texto breve identificándose convenientemente.